encarnecida y vibrante,
bebiendo el sudor del luchador contrario,
con la intención de debilitar su habilidad
o, quizas, por el placer de saborearlo
Sonrisas vencedoras
seguidas de gritos sordos
empapan la arena del ruedo
que, a su vez,
enquista los movimientos certeros
del luchador caido,
vencido por si mismo
ofrecida por la pasión y el deseo
de los luchadores, enamorados
Hoy, con las primeras luces,
se ven los miembros desgajados
los cercos del liquido perdido
y las energias sesgadas por el desgaste
Dentro de un rato,
al caer la tarde,
volveran a verse
y retomaran la lucha


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