ya que la puerta está abierta y a mi alcance
y sin embargo ni siquiera la miro, ni la busco
Deduzco que no deseo finalizar lo que iniciamos
porque me atrae cual iman al hierro
y me duele cada destierro con creces
El compartir apenas un segundo en tu lecho
es la fantasía más anhelada
por hombres de toda índole
y yo, por contra, consigo empalagarlay hacerla tediosa y rutinaria
Me alivia la certeza de grandes culminaciones,
de inolvidables faenas y merecidas ojeras
que, de vez en cuando, consumamos
encumbrándonos en invisibles pedestales
Y lo que agoniza es tu paciencia
que no mi empeño,
porque aunque cada vez es diferente
siento que queda lacónico en tu anhelo

No hay comentarios:
Publicar un comentario