Leí tus ojos al despedirte
y mordisqueé mi labio inferior,
me gusto tanto ....
Hoy encendimos los sentidos con tal poder
que los miedos ardieron fortaleciéndonos,
recreando esa espinosa fusión del paraíso en el infierno.
Mía o tuyo, apenas importa,
nuestros, mejor,
confundiendo placer y duelo,
batallando entre olas.
Con las diferencias medimos nuestros días,
pero siempre el mismo sentir al apurarlos:
"...cómo hoy nunca" susurro,
siempre distinto, afirmas.
Solamente confío
en que tú leyeras en mis ojos
lo que los tuyos me deletrearon.
NUESTRA
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