NUESTRA

sábado, 24 de agosto de 2013

¿Una historia real? 3ª parte

Mordisqueé su nuca durante un periodo indeterminado de tiempo, alimentando nuestro apetito sexual mientras retiraba el antifaz y la mordaza.
La ayudé a incorporarse y le expresé mi intención de jugar con las cuerdas.
- Lo que desee, Amo. Haga conmigo lo que quiera, pues soy suya
- Bien zorra. Empieza a interesarme acogerte, adiestrarte y modelarte a mi gusto; hacer de ti la esclava que anhelas y buscar la puta que llevas dentro, la cerda que sabrá complacerme con sólo mirarla.
- Gracias mi Amo
 La ubiqué en el centro de la habitación y le realicé un bondage de senos que los convirtió en el centro de atención: erguidos, duros, enrojecidos y muy apetecibles.Ella no dejaba de mirarlos y sonreía satisfecha.
Los pezones estaban tan duros que me resultó dificultoso aplastarlos entre las yemas de mis dedos.
Los atrapé con los dientes y tiré de ellos hacia arriba, duro, arrancándole un gemido que me supo a poco. Seguí apretando mientras metí dos dedos en su vagina.
Inconscientemente, comenzó a mover su cadera consiguiendo que mis dedos la follaran.
Con el dedo gordo aplaste su clítoris para demostrarle que el ritmo lo marcaba yo.
Cesó de inmediato y con lágrimas en los ojos me pidió permiso para correrse.
A la muy puta le encantaba que le recordaran cuando sobrepasaba los limites; esa reprensión la mojaba entera.
- Aún no, guarra. Ya te diré cuando debes correrte.
Busqué la cajita de las pesas y tras pinzarle los pezones le fui colgando diferentes pesos, valorando cada reacción con variaciones en el castigo aplicado.

Tiene unos cuerpo fantástico, tan deseable que siento tentaciones de mostrarla desnuda en la calle y que todos puedan verla.

Con los pesos que pudo soportar colgando de sus pezones, le ordené que abriera las piernas. Inspeccioné su vagina con mis dedos, penetrándola despacio, recreándome, dando golpecitos en su clítoris o amasándolo entre mis dedos.
Su entrepierna fluía. Aceleré la velocidad de mis juegos. Mis manos subían a mover las pesas de sus pezones, bajaban a su ano, presionaban su clítoris, entraban en su vagina.
La noté muy alterada, con la respiración agitada. Intentaba no moverse para evitar el tintineo de las pesas y el consiguiente tirón de los pezones.
Cuando estaba muy excitada, le abofeteé la cara y le dije:
- Ahora córrete para tu dueño, puta
Sin necesidad de tocarla, aquellas palabras desencadenaron un orgasmo que terminó de desarbolarla frente a mi.
Tuve que tomarla entre mis brazos para evitar que se derrumbase.
Cuando finalizaron las convulsiones de su cuerpo, mirándome a los ojos me susurró:
- Gracias mi Señor
Después, bajando su mirada me dijo que quería más.
- Crees que estás caliente perra, ¿verdad?
- Mucho, mi Señor
- No tienes ni idea de lo que es estar caliente, pero te lo voy a mostrar, zorra
La icé manteniendo sus piernas abiertas, coloqué un par de pinzas en sus labios vaginales y encendí una vela que puse en el suelo, entre sus piernas.
El calor subía haciendo que sus caderas bailaran.
Le colgué dos pesos en las pinzas de los labios.
Tomé su barbilla con una mano y mirándola a los ojos le ordené que se pusiera en cuclillas.
La llama quedaba a un palmo de su vagina. Las pesas casi la rozaban. El calor se hacía insoportable.
Tome la fusta y azote una vez cada pecho. La cadena que portaba las pesas osciló de un lado para otro, recordándole el dolor en los pezones.
- ¿Ahora estás caliente, puta?
- Ardo, mi Señor
Saqué mi erección a la altura de su cara. Como respuesta, ella sacó la lengua intentando alcanzarla. Retrocedí un paso.
- Ven
Ella se levanto.
- Así no. Como estabas.
Volvió a su posición y avanzó en cuclillas. Estiró su lengua rozando mi glande.
Retrocedí de nuevo. Me alcanzó de un nuevo paso. Abrió su boca y bajo su mirada. Llevó sus manos a la espalda y esperó.
- Bien puta.
De una sola embestida, metí mi polla en su garganta. La dejé inmóvil. Aguantó las arcadas.
Inicié un movimiento de caderas, enérgico y constante, follándome su boca. Cada golpe le clavaba el pubis en la nariz. Luego la sacaba hasta dejarla apoyada en su labio inferior.
Nuestra excitación creció acompasada.
Cuando estaba a punto de derramarme en su garganta, la saqué de su boca, le tomé la cara entre mis manos y le dije que se corriera conmigo.
Estaba tan excitada que apenas escuchaba. La abofeteé y tras escupir en su boca se la clavé de nuevo. Entre sus gemidos me corrí llenando su boca. Note como alcanzaba un nuevo orgasmo.
Cayó sentada de culo mientras se preocupaba de no derramar mi semen.
Le retiré las pinzas y pesos de pechos y labios vaginales, entre gestos de dolor y satisfacción
Cuando tragó mi néctar, le dije que me limpiara la polla con su boca.
Durante media hora estuve disfrutando de su boca y lengua en mi pene, testículos y ano.

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